El ejercicio físico, corazón sano: la carrera que importa en la vida

El corazón late unas 100.000 veces al día, bombeando vida por cada rincón de nuestro cuerpo. Y aunque muchos lo ven solo como un músculo, la Biblia nos recuerda que es mucho más que eso: es el centro de nuestros pensamientos, emociones y decisiones.
La ciencia lo confirma: un corazón en forma alarga la vida, pero la fe nos dice que un corazón limpio y cuidado bajo la dirección de Dios conduce a la eternidad.

El ejercicio físico: combustible para el motor de la vida
¿Sabia usted que…? Estudios recientes en salud cardiovascular destacan:
  • 30 minutos de actividad física diaria pueden reducir a la mitad el riesgo de muerte por problemas cardíacos.
  • Breves sesiones intensas de 3 a 5 minutos (como subir escaleras rápido o correr) fortalecen la capacidad del corazón.
  • La resistencia cardiorrespiratoria es un mejor predictor de longevidad que el peso corporal.

Caminar, trotar, nadar o hacer ejercicios de fuerza no solo moldea el cuerpo, sino que mejora la circulación, mantiene las arterias limpias, ayuda a controlar la presión arterial y reduce el estrés.

Tome nota:

Comienza ejercitando tu corazón, retoma nuevamente el hábito del ejercicio y mantente constante en él.

También hay que ejercitarnos en la vida espiritual: corriendo por una gloria más allá de la vida física

Un atleta se entrena con disciplina, evita cargas innecesarias y fija la mirada en la meta. Así también es el creyente:

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).

Pero la meta espiritual exige algo más que fuerza física: requiere un corazón vigilado y fortalecido.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

Cada paso en fe ejercita las fibras invisibles del alma: la paciencia, la perseverancia, la obediencia y el amor.

Entrenamiento integral: cuerpo y alma

Así como un marinero cuida el motor y el timón de su barco, el cristiano cuida su cuerpo y su espíritu:

  • Nutre tu cuerpo: alimentación sana, ejercicio y descanso.
  • Nutre tu alma: oración, meditación bíblica y comunión fraternal.
  • Quita lastre: suelta todo lo que entorpece la carrera.  (Hebreos 12:1).

La recompensa es eterna: una corona incorruptible que nunca perderá su brillo.  (1 Corintios 9:25).

Consejo y reflexión.

Mantener un corazón sano es invertir en más y mejores años de vida. Pero cuidar el corazón espiritual es prepararse para la eternidad. Corre con perseverancia, entrena con propósito y fija tus ojos en Jesús, el capitán de tu fe.

Hoy es un buen día para comenzar:

fortalece tu cuerpo, guarda tu corazón, y corre hacia la meta que realmente importa: la vida eterna que nos da Cristo Jesús.

Pin It on Pinterest

Shares