Cuando la soledad duele… pero Dios está cerca
“Miré a diestra y observé, pero no había quien me conociese; no tuve refugio, ni hubo quien cuidase de mi alma.”
— Salmo 142:4
Hay momentos en la vida en que, aún rodeados de personas, nos sentimos profundamente solos. La soledad puede ser silenciosa, pero pesa. Es un hueco interior que ni las palabras, ni los abrazos, ni las distracciones pueden llenar. ¿Te ha pasado?
DIOS NO IGNORA TU SOLEDAD
La Palabra de Dios no es ajena a este dolor. El salmista David, huyendo, clamó desde una cueva sintiéndose olvidado. Job se lamentó de haber nacido. El profeta Elías, después de una gran victoria, pidió morir porque sentía que estaba solo. La soledad, aun en los siervos de Dios, ha sido real.
Pero en medio de esa experiencia amarga, también se revela una verdad gloriosa: Dios nunca abandona a los suyos.
“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.”
— Salmo 27:10
Jesús mismo experimentó la soledad suprema en la cruz, para que tú y yo nunca tengamos que cargar con el abandono eterno. Él comprende nuestro dolor, y ha prometido:
“No te desampararé, ni te dejaré.”
— Hebreos 13:5
¿QUÉ HACER CUANDO ME SIENTO SOLO?
- Ora, aunque parezca que Dios está en silencio. Él escucha.
- Lee la Palabra. Hay consuelo en cada promesa.
- Busca comunidad cristiana, aunque sea en línea.
- Recuerda: tu identidad está en Cristo, no en cuántos te rodean.
UNA CONCLUSIÓN PARA TU ALMA
La soledad no siempre es mala. A veces, es el lugar donde Dios nos habla con mayor claridad. En ese silencio, Él está obrando, formando, sanando y atrayéndonos más a Él.
Toma Nota: No estás solo. El Señor está cerca.
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”
— Salmo 34:18

La soledad asusta cuando ignoramos la existencia De Dios.